domingo, 24 de julio de 2011

România

Este año las vacaciones familiares han sido en Rumania. Un país ESPECTACULAR desde el punto de vista de naturaleza y paisajes. Desde un punto de vista más social destacan los grandes contrastes. No en vano ha pasado muy poco tiempo desde que dejaran atrás el modelo de la era Ceauşescu para sumergirse de golpe en el tren del actual capitalismo europeo.
En un país muy rural conviven en un imposible equilibrio la moderna maquinaria agrícola con las labores totalmente manuales pasando por los tractores más antiguos que puedas recordar. Puedes ver veinte personas edrando un campo de maíz azadón en mano y en el campo de al lado una moderna cosechadora recogiendo el cereal.  

El uso del caballo o del burro para tirar de la carreta sigue siendo práctica habitual en la región de Dobrogea

En cuanto a la fauna tengo que reconocer que ha sido el lugar en el que más difícil me ha resultado compaginar el ver las especies más interesantes con un planteamiento de vacaciones familiares. Son muchas las especies que se quedaron en el tintero.


La mayor parte de las especies “estrella” se encuentran en la región de Dobrogea, la zona más al este del país. Es una llanura dedicada a la agricultura con salida al Mar Negro, donde se encuentran los complejos turísticos (que no pisamos) y hasta donde llega la influencia de la estepa.

Hasta Rumania llega el último resquicio de estepa y con ella alguno de sus representates como este "souslik"


Cuando hay un peligro se ponen de pie, chillan y desaparecen bajo tierra


Las rapaces son uno de los fuertes rumanos. Son aves cuya observación suele ser lejana y breve por lo que no son fáciles, sin embargo me regalaron mi primer "bimbo". Al poco de salir de Bucarest paramos en una gasolinera de la autopista para repostar cuando mi hijo me gritó “papá, una rapaz”. Era un ratonero moro, de libro. Lo cierto es que la primera sensación, por el vuelo y las largas alas es que se trataba de un águila. También me pareció bastante fácil de distinguir el gavilán griego (sólo vi machos) de aspecto muy claro, alas puntiagudas y acabadas en negro. Sin embargo el ratonero de estepa y la pomerana ya no me ofrecieron claramente sus características y aunque seguramente los vimos no los “disfrutamos”. Tampoco tengo claro un posible juvenil de imperial oriental.



Pocas aves me resultaron fáciles de ver (el alcaudón chico p.e.), incluso algunas de las que pensaba que serían menos problemáticas como los pícidos (hasta el final no conseguí ver un pico sirio). Con la miel en los labios me dejó el escribano cabecinegro. Se lo debo a Jon, mi hijo, que fue capaz de verlo desde el coche. Frené, reculé, lo busqué donde me decía y justo cuando mis prismáticos lo enfocaban decidió salir volando. Una fugaz visión de un precioso macho.



Joven graja. En la zona del Delta abundaban los bandos mixtos de grajas y cornejas cenicientas. También destacaba la gran cantidad de carracas.





Curruca zarcerilla. Se muy puso muy a tiro, pero no anduve hábil con la cámara. Tenía puesto un ojo en ella y el otro en una pareja de zarceros pálidos orientales que se movían en el sauce de al lado.


Sin duda donde más disfruté de mi afición pajaril fue en el Delta del Danubio. Es un lugar que todo amante de la naturaleza desearía saborear poco a poco, sin prisas, como sólo los lugareños y algún privilegiado puede hacer. El sitio soñado para perderme unos días con mi piragua...

Aquí lo más llamativo son los dos pelícanos y el cormorán pigmeo, pero hay mucho más. Como el alegrón que me dió ver por fin un adulto de pigargo (hasta ahora sólo había visto jóvenes sin su llamativa cola blanca).


Pelícano ceñudo. Escaso y solitario




Pelícano común. Más abundante y en grupos





Pelícano común


Aquí los podemos ver juntos, rodeados de una cohorte de cormoranes. Las diferencias entre ambos son notorias.


Disfrutar del frenesí de pesca de un grupo de pelícanos fue algo grandioso. Se les unen los cormoranes y los charranes y a la de tres todos se sumerjen en busca del bocado.


La aparente calma se rompe de pronto... 


A la señal, todos pico dentro, culo fuera...



salimos...


... y a saborear lo cogido.





Los cormoranes pigmeos me encantaron pero a pesar de verlos muy bien me quedé sin una buena foto.



Aquí se aprecia la considerable diferencia de tamaño entre el cormorán grande y el pigmeo

Entre las especies del Delta casi todas las ardeidas, pero destacaban por su cantidad las cangrejeras moviéndose sobre los nenúfares.






Las gaviotas merecían más atención de la que les pude prestar. Había ejemplares claramente con todos los rasgos de las cáspicas (de aspecto más alargado y delgado; cabeza pequeña con ojo generalmente oscuro y situado más adelante; pico de aspecto más largo y con extremos paralelos; más pechugonas...). Pero algunas parecían mostrar sólo alguno de estos caracteres y otras apenas ninguno.





Los calurosos días de julio son tal vez los menos apropiados para poder disfrutar de las aves. Para ver las “estrellas aladas” rumanas hay que pensar en un viaje ex profeso en la primavera pero si no puede ser (como es mi caso) siempre hay algo con lo que maravillarse.

1 comentario:

elcamperoinquieto.com dijo...

Bonito viaje.vacatas,fauna, fotos,familia......que mas se puede pedir!
Saludos camperos.